Recuerdos de rutas.

Urgando en algunas carpetas respaldadas, encontré esta ruta del año 2002. Y otras tantas más que pondré a medida de mi tiempo acá para compartir.  Son varias las fotos pero compartiré algunas para no recargar tanto el blog, ya que me dice que tengo una cantidad limitada de espacio.

Esto se inicia en España en una salida de evasión por motivos particulares que no viene al caso ya.  La idea mía esa vez era salir de San Sebastian, Guipúzcoa hasta A Coruña en Galicia.  Una vez allá, y a orillas del puerto, vi un ferry que sarparía pronto con destino a Oslo, Noruega.  No le pensé dos veces y arriba con moto y todo.

Desde Oslo me fui hasta Bergen en donde me embarco en un especie de tour que recorre parte de los fiordos noruegos. Un viaje sin lujos salvo la abundante y buena mesa arriba del barco y el privilegio de ver rincones tan apartados.  La mejor época para hacerlo es cuando el clima europeo del norte nos regala de un sol medianamente abrigador. Porque allá arriba, en la Europa más septentrional, hace frío.

En todo caso, hay que ir con el bolsillo preparado, porque Noruega es un país caro. Un café bien caliente o una gaseosa o sandwich común de jamón y queso cuesta tres o cuatro veces lo que en Chile. En otro tipo de compras, como una casaca o campera tipo parka rellena de plumas de ganso, salió por unos 600.000 pesitos chilenitos.  Pero no me quedó otra ya que el frío, que me encanta, allá te lo encargo. Lo malo, es que después del viaje… ni idea dónde quedó. (si, salao, que ya lo sé).

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Para atravesar los fiordos noruegos en barco, lo habitual es salir de Bergen hacia Kirkenes.  Dicha ruta dura seis días y siete noches. La compañía naviera que hace este viaje tiene varios barcos y no hay un solo día que no zarpe uno de ellos casi repleto de turistas.  Lo bueno, antes de embarcar, es pasar un día y una noche en Bergen, ciudad encantadora rodeada de montañas, a donde se puede subir en teleférico para tener vistas como la que sigue.

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  Los barcos de esta compañía, son conocidos como “el expreso de la costa” porque acercan a la gente entre los distintos pueblos y ciudades, acarrean mercaderías y vehículos.  Muchas paradas son tan breves que solo funcionan como para estirar las piernas, para acordarte lo que es pisar tierra firme.
Conocerás de pasada muchos pueblos, tendrás imágenes fugaces de su gente, te harás una idea vaga de los sueños de esos seres con los cuales difícilmente volverás a cruzarte.
 La comida del barco es excelente.  A la hora de almuerzo uno se sienta donde quiere, pero en la cena está en una mesa fija todas las noches.
 A mi me tocaron puros noruegos en la mesa, y fue grato.  Preguntaban mucho de Chile, del que sabían poco y nada.  Lo que más hay y mejor se prepara en el barco son los pescados y mariscos de la zona.  Fritos, semicrudos, a la plancha, ahumados. De Chupete.
 Llevar prismáticos ayuda a disfrutar mejor la contemplativa navegación en la cubierta.  Arriba del barco no hay esos molestos monitores que te persiguen para que participes de las excursiones y actividades como en otros barcos. No hay casinos ni lujos mayores.  Cuando el barco está lleno, en temporada alta, funcionan mejor las entretenciones: el bar, la disco.  Como sea, el viaje no es para niños, ya que hay pocas entretenciones para ellos.
 

sol de medianoche, cubierta barco.

Un día, al alba la locutora del barco anunció que estábamos atravesando el Círculo Polar Ártico, aquel punto donde es posible ver más nítidamente el “sol de medianoche” en el solsticio de verano.  Deben de haber sido las cinco y media o seis de la mañana. (foto superior).
Hacía un frío del demonio y había viento y llovizna. Por alguna razón que no alcanzo a descifrar, ese día me propuse estar en cubierta para cuando lo cruzáramos.  Lo hice.
Me congelé, pero por un momento tuve la casi seguridad de que estaba viviendo un momento único.  No sé si sea particularmente emocionante estar ahí, pero te sientes lejos de tu tierra.
 

Hay momentos en que la travesía tiene un dejo a Chiloé. Y hay otros en que se parece a los canales de más al sur, con glaciares y montañas nevadas en la mira.  Los canales mansos, algunos cerros pequeños en la costa y las construcciones de madera con que te vas encontrando te hacen sentir por un momento recorriendo aldeas sureñas remotas y perdidas.
 

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Bienvenidos a los fiordos Noruegos. Copia feliz del edén, majestuosa es su blanca montaña…. y ese mar que tranquilo te baña… putas que se acuerda uno de eso… nada que envidiar, en ecosistemas, nada que envidiar.
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Finalmente, la llegada a Kirkenes, desembarcar la moto, revisar todo en orden, y regresar la ruta por tierra, pero eso… ya es otra historia.
Cuidense.

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